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martes, 23 de agosto de 2011

Hace unos días, hice llegar este libro a un amigo...

... para compartir con él las emociones que me hizo sentir su lectura.
Hoy reponían en la tele la maravillosa adaptación de Robert Mulligan.
Cualquiera de los dos es de lo más recomendable. Transmiten lo mismo: la nostalgia por la infancia perdida, cuando empezábamos a descubrir el mundo y todo asombraba y estaba lleno de misterio. Hablan también del otro crecimiento (el moral), de dignidad y calidad humanas, y del amor y la admiración por los padres.
Me decía el amigo en cuestión que es el libro favorito de la señora esa que se fue del país y se llevó a su marido futbolista porque todo le olía a ajo. Parafraseando a Wilder, nadie (ni nada) es perfecto. Y, a tenor de los gustos literarios de la tiparraca, parece que nadie es tampoco un completo gilipollas...

sábado, 25 de septiembre de 2010

"Yo tenía la intuición de que no debía estar allí...

... escuchando a aquel hombre pecaminoso que tenía hijos mestizos y no le importaba que la gente lo supiera, pero lo encontraba fascinante. Jamás había topado con alguien que deliberadamente quisiera desacreditarse. Pero ¿por qué nos confiaba su gran secreto? Se lo pregunté.
-Porque vosotros sois niños y podéis comprenderlo -dijo-, y porque he oído a éste... -Y con un ademán de la cabeza indicó a Dill-. Las cosas del mundo aún no lo han corrompido del todo. Deja que se haga un poco mayor y ya no sentirá asco ni llorará. Quizá crea que las cosas no están... digamos, del todo bien, pero no llorará; cuando tenga unos años más, ya no".

martes, 31 de agosto de 2010

"-Si no debes defenderlo, ¿por qué lo defiendes?

-Por varios motivos -contestó Atticus-; pero el principal es que si no lo defendiese no podría caminar por la ciudad con la cabeza alta, no podría representar al condado en la asamblea legislativa, ni siquiera podría ordenaros a Jem y a tí que hiciéseis esto o aquello.
-¿Quieres decir que si no defendieses a ese hombre, Jem y yo ya no deberíamos obedecerte?
-Eso es, poco más o menos.
-¿Por qué?
-Porque ya no podría pediros que me obedeciéseis.